Por qué la defensa de nuestras libertades individuales es más esencial que nunca

Las libertades individuales se refieren al conjunto de derechos que protegen a cada persona contra las injerencias abusivas del Estado o de terceros: libertad de expresión, derecho a la vida privada, libertad de circulación, protección contra la vigilancia arbitraria. Estos derechos, consagrados por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y por la Convención Europea de Derechos Humanos, forman la base jurídica sobre la cual descansa la vida en democracia.

Su defensa adquiere una nueva dimensión a medida que las tecnologías de control se perfeccionan y que las legislaciones de seguridad se multiplican. Comprender los mecanismos concretos que amenazan estas libertades permite protegerlas mejor.

Inteligencia artificial y libertades: lo que la AI Act prohíbe desde 2025

La entrada en vigor de la AI Act europea ha trasladado la defensa de las libertades individuales a un terreno técnico. Publicado en el Diario Oficial de la UE el 12 de julio de 2024 y en vigor desde el 1 de agosto de 2024, este reglamento clasifica ciertos usos de la inteligencia artificial como presentando un riesgo « inaceptable » para los derechos fundamentales.

Desde el 2 de febrero de 2025, varias prácticas de IA están formalmente prohibidas en Europa:

  • La puntuación social, que consistiría en evaluar y clasificar a los ciudadanos en función de su comportamiento, al igual que el sistema de crédito social experimentado en otros países.
  • La identificación biométrica a distancia en tiempo real en espacios públicos con fines de mantenimiento del orden, salvo excepciones estrictamente reguladas.
  • La extracción masiva de datos (web, videovigilancia) para constituir bases de reconocimiento facial, así como la categorización biométrica destinada a deducir características protegidas como el origen étnico o la orientación política.
  • El reconocimiento de emociones en el lugar de trabajo y en los centros educativos, y la explotación de las vulnerabilidades de una persona (edad, discapacidad) por un sistema automatizado.

Este marco regulatorio marca un punto de inflexión. La protección de las libertades ya no se basa únicamente en los textos constitucionales o en la jurisprudencia del Consejo de Estado: ahora se juega en la arquitectura técnica de los sistemas desplegados a diario. Existen recursos que documentan esta evolución, especialmente en https://www.noslibertes.org/, que reúne análisis y herramientas de seguimiento sobre el tema.

Grupo de ciudadanos reunidos alrededor de una mesa discutiendo la defensa de los derechos y libertades civiles

Vigilancia digital y derecho a la vida privada: fronteras cada vez más difusas

El reconocimiento facial ilustra la tensión permanente entre la seguridad pública y la protección de la vida privada. En Londres, se han desplegado cámaras de reconocimiento facial en el metro. En Francia, este tipo de dispositivo se enfrenta a un marco jurídico más estricto, pero la presión para adoptarlo existe.

El derecho a la vida privada es un derecho constitucional, protegido tanto por el artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos como por la jurisprudencia del Consejo Constitucional francés. Cualquier violación de este derecho debe estar justificada y ser proporcional, un principio que el juez administrativo controla caso por caso.

El Consejo de Estado recuerda regularmente esta exigencia. En sus decisiones, verifica que las medidas de seguridad nacional o de mantenimiento del orden no infrinjan de manera desproporcionada las libertades. El control de proporcionalidad constituye el mecanismo jurídico central: el fin no justifica todos los medios, incluso cuando el objetivo invocado es la protección del orden público.

Videovigilancia algorítmica: un caso concreto

La videovigilancia algorítmica, que analiza automáticamente los flujos de video para detectar « comportamientos sospechosos », plantea un problema de fondo. El sistema no se limita a grabar: interpreta. Esta capa de análisis automatizado transforma una cámara pasiva en una herramienta de predicción de comportamiento.

El riesgo, documentado por la CNIL, radica en la opacidad de estos sistemas. Un ciudadano filmado en el espacio público no sabe si su comportamiento está siendo analizado, clasificado, ni en base a qué criterios. Esta asimetría de información entre el Estado y el individuo debilita el principio mismo del consentimiento informado.

Libertad de expresión y regulación de plataformas digitales

La Ley de Servicios Digitales (DSA), que entró en aplicación en la Unión Europea, impone a las grandes plataformas digitales obligaciones de transparencia sobre sus algoritmos de moderación y recomendación. El objetivo declarado es luchar contra la desinformación y los contenidos ilícitos.

La dificultad radica en la línea de demarcación entre moderación legítima y censura. Eliminar un contenido ilícito es cuestión de ley, pero filtrar opiniones es cuestión de libertad de expresión. Los algoritmos de moderación automática no siempre hacen esta distinción. A veces, contenidos periodísticos, satíricos o militantes son eliminados sin examen humano, con procedimientos de apelación limitados.

En Francia, el Consejo Constitucional ha examinado recientemente varias disposiciones legislativas que afectan a las libertades digitales. La ley Ripost, validada en gran parte por el Consejo Constitucional en agosto de 2026, contiene medidas relativas a la regulación de ciertas prácticas en línea. Cada nueva ley de seguridad es objeto de un control de constitucionalidad que evalúa si las restricciones impuestas a las libertades son necesarias, adecuadas y proporcionales.

Joven leyendo un libro sobre justicia en un parque urbano, símbolo de la reflexión sobre las libertades individuales

Algoritmos y encarcelamiento informativo

Más allá de la eliminación de contenidos, los algoritmos de recomendación moldean el acceso a la información. Al orientar a cada usuario hacia contenidos que se ajustan a sus preferencias detectadas, reducen la diversidad de puntos de vista a los que una persona está expuesta.

Este mecanismo, a menudo llamado « burbuja de filtro », no es neutro para el ejercicio de la ciudadanía. Una libertad de expresión efectiva supone un acceso pluralista a la información. La regulación de los algoritmos de recomendación, prevista por el DSA, intenta responder a este desafío, pero su implementación concreta aún debe ser evaluada.

Protección de datos personales: el papel del RGPD y sus límites

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) constituye desde 2018 el marco europeo de referencia para la protección de datos personales. Consagra varios derechos concretos para los individuos: derecho de acceso, derecho de rectificación, derecho al borrado, derecho a la portabilidad.

Su aplicación revela límites estructurales. Las sanciones impuestas a las empresas que infringen el reglamento a veces son insuficientes en comparación con los beneficios económicos derivados de la explotación de los datos. El desequilibrio entre la capacidad de control de los individuos y el poder de recolección de los actores digitales sigue siendo un problema no resuelto.

La articulación entre el RGPD y la AI Act crea una doble red de protección: el primero regula la recolección y el tratamiento de datos, el segundo regula los usos automatizados que de ello derivan. Esta complementariedad es reciente y su eficacia dependerá en gran medida de la capacidad de las autoridades de control, como la CNIL en Francia, para ejercer una vigilancia efectiva.

La defensa de las libertades individuales no se reduce a un debate abstracto sobre los valores democráticos. Se juega en disposiciones técnicas precisas: parámetros de un algoritmo de reconocimiento facial, criterios de moderación de una plataforma, condiciones de conservación de datos biométricos. Cada elección de arquitectura digital es una elección de sociedad, y es a este nivel de detalle donde la vigilancia colectiva sigue siendo determinante.

Por qué la defensa de nuestras libertades individuales es más esencial que nunca